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ANNA KAREYS

Actualizado: 8 dic 2023



La joven sujetaba la mano pálida y sin fuerzas de su hermano, quien se encontraba postrado en la cama, diaforético con facies caquécticas, presentaba la boca abierta y los ojos en blanco volteados hacía arriba. Llevaba siete días enfermo, y cada vez lucía peor. Los barberos y curanderos del castillo habían hecho todo lo que habían podido, pero parecía que una fuerte infección iba a poner fin a su vida.


Ella lloraba hincada al pie de la cama, sus padres habían muerto años atrás y los jóvenes se tenían sólo el uno al otro. Su hermano llevaba dos días sin reaccionar, sin decir una sólo palabra o abrir los ojos. Incluso no podía beber, la joven humedecía sus labios con trapos mojados y los exprimía en su boca con la esperanza de que pudiera beber. Los barberos habían hecho todo lo que pudieron, sólo bastaba esperar.


Ahogada en un llanto silencioso, comenzó a recordar su infancia al lado de su hermano. Había crecido en Caerleon, no habían nacido en dicha ciudad, pero su padre los había llevado ahí desde muy temprana edad, era como si hubiera huido de algo, pero en ese entonces ella era tan solo una niña, no recordaba muy bien eso, sabía que su padre se dedicaba a vender objetos valiosos en el mercado negro de Caerleon, y vivía con un bajo perfil a pesar de que llegó a acumular grandes riquezas. También sabía que por alguna razón su padre había decidido cambiar su apellido a los Kareys, antes tenían otro que no podía recordar. Los Kareys de Caerleon, una familia que en algún momento lo tuvo todo, pero luego de que su padre y madre fueran asesinados por "Gankers" mientras transportaban un cargamento de objetos a Caerleon; su familia se desmoronó, reducida a su hermano y trabajadores. Su hermano fue su único respaldo, al ser el mayor y tener edad para blandir una espada, tal como su padre los había entrenado desde muy temprana edad; éste tomo el camino del aventurero, habitualmente hacía expediciones a mazmorras para conseguir tesoros que vendía también para no perder la costumbre familiar en el mercado negro. Mordred, que era el nombre del chico; la siguió entrenando en el uso de la espada cuando su padre faltó, habían heredado una fortuna, pero el hijo mayor no tenía las relaciones y contactos del padre, por lo que el negocio no era lo que había sido, tuvo que despedir poco a poco a varios de los empleados y trabajadores de los que gozaban. La persona postrada en la cama era más que su hermano, fue su compañero de juegos, fue quien la cuidaba y calmaba en esas noches en las que sus padres salían a transportar y comerciar, fue su confidente, su compañero de entrenamiento, su maestro en muchas cosas, su amigo y desde que faltaron sus padres, su patrón a seguir.



Ella se reusaba a perderlo, había perdido todo, a sus padres, su estatus, su familia, no tenía nada. De pronto, los ojos de Mordred se abrieron de par en par con los globos oculares completamente negros, precedido por una súbita sombra difusa en forma de cuervo que atravesó la habitación y se introdujo por el pecho del desvalido; su columna se arqueó elevando su pecho en una forma convexa y abriendo grandemente la boca como si algo generara un dolor insoportable. La chica se sobresaltó no tuvo tiempo ni de soltar su mano, en cambio fue arrebatada al elevarse el cuerpo de su hermano en ese tirón. la chica no gritó, pero sintió un terror profundo, miraba con ojos confundidos y de angustia, podía sentir su cuerpo temblar sin poder moverse, no entendía lo que pasaba, entonces una voz que no era la de su hermano, con eco malvado y tono de mujer, salió de la boca de éste:

- Anna, sé que tu hermano es todo lo que tienes, pero él morirá a menos de que estés dispuesta a todo con tal de salvarlo, un cuervo te visitará, síguelo, él te llevará a mí y a la posibilidad de que Mordred nunca muera.

Una vez emitidas esas palabras, el cuerpo cayó nuevamente a la cama de forma estrepitosa, con el súbito y fugaz visaje de una sombra amorfa saliendo del cuerpo y habitación. El lugar quedó en silencio con el cuerpo pálido de su hermano, nuevamente inerte. La chica yacía en el suelo, aún hincada, con las manos en la boca y ojos despavoridos, sin entender aun lo que había pasado y después de unos segundos estalló en llanto.


La mañana llegó, una mañana fría, húmeda, gris y sin ese sabor que tuvo otras veces. La mozuela no había podido conciliar el sueño, había pasado la noche en vela, invadida por los sucesos que la habían antecedido, Su hermano enfermo, la temible voz de esa mujer, la promesa de una salvación, ¿Con qué intenciones alguien podía proponerle una cura? ¿Sería esa cura posible? ¿Quién era esa mujer? ¿Qué precio tendría que pagar? ¿Tendría relación esta mujer con la enfermedad de su hermano? ¿Moriría Mordred?

Un graznido agudo interrumpió sus pensamientos, el sonido había entrado por la ventana proveniente desde fuera. Sus ojos se abrieron de par en par, estaba sucediendo, el sueño había sido real, se paró de un brinco del mueble en el que había pasado la noche junto a la cama de su hermano; y se dirigió a la ventana, un cuervo de un negro intenso la miraba a través de la ventana posado en una rama de un árbol seco que se encontraba en lo que una vez fue un hermoso jardín. Graznó una vez más sin quitarle la vista de encima. Ella sólo siguió mirando al cuervo mientras cientos de pensamientos e ideas, todos de terror; se aglomeraban dentro de su cabeza, todos desaparecieron cuando ella frunció el ceño sin quitar la mirada del cuervo quien a su vez hacía lo mismo; sólo una idea quedó en medio de su mente, su puño se cerró y lo apretó fuertemente. Salvaría a su hermano al precio que fuera.


Entró a lo que había sido la recamara de estudio de su padre, en ésta había muchos objetos que le habían pertenecido, muchos de ellos habían sufrido la penosa necesidad de venderse, pero otros aún tenían un lugar reservado en dicha habitación. Ignoró la espada de su hermano que se exhibía en un estante, una obra digna de admirarse y blandirse, pero ésta permanecería intacta hasta que la mano de su hermano la pudiera volver a sujetar. Miró al fondo de la habitación el escudo heráldico de su familia pintado en una tela algo despintada y con señas de que el tiempo y polvo habían pasado por ésta; colgaba desde el techo de madera, aunque vieja, lucía altiva y orgullosa, era una tela en fondo azul cielo, con un marco dorado y tres coronas equidistantes bordadas en oro. Bajó la cabeza de forma depresiva, esa imagen le hizo recordar esos momentos de armonía y abundancia en los que su padre a pesar de que nunca portaba esa heráldica y más bien la reservaba sólo para su estudio, siempre se sintió orgulloso de ésta, y a la vez les inculcó el amor y respeto por su escudo familiar, habían sido una familia buena, honorable, amorosa. Ahora su familia se había desmoronado y si no hacía algo pronto no tendría una. Sin distraerse más con esa nostalgia y pensamientos banales, tomó lo que había ido a buscar, la espada de su padre, la cual aseguró a su cintura, una hermosa chaqueta de mercenario que había pertenecido a su madre y una capa que su padre atesoraba, ya que sólo se confeccionan en Caerleon con una insignia de la ciudad, la cual curiosamente le permitía a la esgrimista realizar de forma más rápida ataques que había practicado en esas horas de entrenamiento con su hermano.


Armada y decidida a todo salió a lo que había sido un jardín floral, con altos pinos y castaños; el cuervo aún la esperaba ahí, en la rama de ese castaño seco. Al verla graznó y aleteó, ella asintió con la cabeza, entonces el cuervo encumbró el vuelo en un aleteo estrepitoso, la chica lo siguió. Salieron de su hogar y atravesaron Caerleon, una ciudad hecha casi en su mayoría de piedra basáltica, grandes construcciones, escaleras, túneles y pasadizos, la ciudad lucía demacrada, sucia, de aspecto grisáceo, con mucho bullicio, humo, polvo, pero a la vez borrachos tirados en las esquinas, pordioseros pidiendo monedas, el suelo batido con desperdicios, secreciones corporales y hasta incluso sangre, personas con túnicas que parecían esconder algo, otros tanto de aspecto asesino, comerciantes, ladrones; la joven de noble corazón no pudo evitar angustiarse, pero de un momento a otro recordó porque lo estaba haciendo, su hermano no debía morir, apretó la empuñadura de la espada de su padre para darse valor y siguió adelante.



Pronto estaban a las afueras de la ciudad, la joven Anna seguía de cerca al cuervo que volaba sobre y delante de ella aunque cada vez más rápido, al llegar al bosque de Wyre la joven tuvo incluso que trotar, ya que el animal alado se le despegaba, a momentos la irá se apoderaba de ella y la asaltaba la idea de descargar su enojo matando al cuervo, pero eso sólo la alejaría de su objetivo. De pronto el ave giró y comenzó a volar dibujando un pequeño circulo, la mozuela pudo sentir como se acumulaba energía mágica frente y alrededor de ella y con un pequeño estallido que la aventó hacia atrás apareció un portal frente a sus ojos en medio del bosque. Entonces el cuervo atravesó el portal desapareciendo dentro de éste. No tuvo más remedio, atravesó el portal.


Un santuario escondido se encontraba del otro lado, estaba frente a un aterrador pasillo con aspecto de castillo viejo, una alfombra de color rojo vino se extendía de forma longitudinal hasta perderse en la sombra, el pasillo era largo, algunos estantes de madera fina pero vieja con libros adornaban las paredes de ambos lados. El cuervo graznó al fondo del pasillo, era un "Sígueme", la joven inició la marcha por el pasillo alargando un tembloroso pie izquierdo, para comenzar a avanzar con miedo y desconfianza, al estar a la altura de los primeros libreros se sobresaltó y casi retrocede cuando de un estrépito algunos libros fueron arrojados fuera de éstos y se arremolinaron como aleteando con sus hojas y pastas alrededor de ella, parecía como si algún encantamiento los animara con movimientos de aves, la joven encorvó su espalda levantando las manos a la altura de su cara y bajó ligeramente la cabeza apretando fuertemente los ojos, tratando de protegerse, algunos libros rozaron sus brazos y piernas haciendo cortes con sus esquinas en su ropa y piel. Su hermano apareció en su mente, esto la hizo tomar valor, la vida de su hermano dependía de esto, tomó la espada de su padre y la desenvainó en un movimiento el mismo tiempo que la blandió al aire de un lado al otro acertando algunos golpes, algunos libros cayeron al suelo, entonces el cuervo graznó y los libros que aún flotaban a su alrededor volaron hasta su estante y se volvieron a guardar, seguido a esto un segundo graznido le indicó a la joven que debía continuar.



Atravesó el basto santuario siguiendo al cuervo, bajó un total de cinco pisos, en éstos pudo ver imágenes aterradoras, mujeres pálidas con elegantes y tenebrosos vestidos largos de color negro, con escotes provocadores, atrevidas aberturas en las guardapeus, caras afiladas y miradas aterradoras aunque de alguna manera atractivas, éstas sostenían grandes libros mientras conjuraban algún hechizo o realizaban algún ritual; marcas demoniacas en los pisos de algunas habitaciones, con forma de pentagrama que parecían desprender energía brillando en tonos rojo-naranja; prisioneros en pavorosas jaulas, siendo atormentados por hombres de aspecto maléfico, desfigurados con cierto gigantismo que parecían verdugos; cosas difíciles de ver, describir y asimilar. Llegó a un recinto, una cámara octagonal en donde una mujer la esperaba frente a un Ara con un libro abierto, la mujer rio y dijo:

- Por fin estás aquí Anna Kereys, ¿Puedo llamarte por ese nombre, aunque no sea tu nombre real?

La pregunta llevaba un tono de sátira y burla.

- Dime lo que quieres para salvar a mi hermano.

- Así que llevas prisa... tranquila querida, tu hermano nunca más morirá, permítele a tu mente un poco de calma y diversión.

- ¡Basta! no estoy aquí para participar en tus juegos, sólo dime lo que quieres, y lo tendrás.

- Está bien, si no quieres relajarte y platicar, iré al grano, Este brebaje que he preparado con gordolobo de fuego, cardo de dragón, milenrama demoniaca, leche, extracto arcano puro, como ingrediente especial un cabello de muerto viviente y como toque de placer para que tu hermano lo disfrute aguardiente; esta poción salvará la vida de tu hermano, pero a cambio te quiero a ti, quiero que seas mía, no podrás acercarte a nadie más, no podrás hablar con nadie, no tendrás amigos, nadie tolerará tu presencia, los lastimarás con sólo acercarte a cualquiera y en algún momento te necesitaré y apareceré, para que me ayudes en ese momento a completar el plan.

- ¿A qué plan te refieres? ¿Qué tienes entre manos? y ¿Quién eres?

- ¿De pronto ya tuviste ganas de platicar? ¿No tenías mucha prisa por salvar a tu hermanito? Estás frente a Morgana y tu no me conoces, pero digamos que... hay una larga historia entre tu familia y yo, por ahora no tienes que saber nada, más que soy la única que puede evitar la muerte de Mordred. ¿Aceptas el trato o no?

- ¿Y qué impide que no te mate ahora mismo y robe el brebaje?

- ¡Cosita! me llenas de ternura.

Dijo la radiante mujer vestida con un sensual vestido negro, precedida por una suave y aguda risa burlona, agregando después:

- ¿Tu y cuantos más mocosa engreída? Estás viva porque yo lo permito, no habrías podido encontrarme, no habrías llegado hasta aquí, mis soldados, los demonios, mis sectarias y mis campeones no te hubieran permitido llegar si yo no lo hubiera permitido, no me conoces, no tienes ni idea de lo que soy capaz y de lo importante y poderosa que soy en Albion. y tu... ¿Pretendes amenazarme? No tienes otra alternativa, o accedes al convenio y evitas la muerte de Mordred o mueres aquí mismo y tu asqueroso hermano lo haría solo postrado en esa cama sin que nadie pueda rendirle siquiera una ceremonia póstuma. Eres ingenuamente estúpida.

La malvada mujer rio sarcásticamente con una carcajada perversa que resonó en todo el quinto piso del santuario, mientras la joven Anna se fundía en una ira descontrolada, apretando con todas sus fuerzas la empuñadura de su espada tratando de contenerse. No lograría nada si arremetía contra la bruja, aún cuando pudiera matarle, tendría que salir de ese lugar y de momento la prioridad era llegar cuanto antes con Mordred teniendo el brebaje que lo salvaría.

- Acepto.

Bajó la cabeza en gesto de resignación, había decidido antes que salvaría a su hermano al precio que fuera, la vida de éste era más importante que la suya, la nobleza de su corazón era opima, sus sentimientos los más nobles, pero su coraje y fortaleza, los de el más valiente y despiadado guerrero. No pondría en riesgo la posibilidad de salvar a su hermano por un arrebato de coraje. Lo mejor era acceder. Morgana rio con satisfacción y dijo:

- Sabía que lo harías niña, después de todo no eres tonta, haremos entonces un conjuro, uno inquebrantable, que asegurará el que me pertenezcas.

La tierna joven no dijo nada más, su cara mostraba una mirada de resignación, de tristeza, de sumisión, había aceptado la pena que le impusieran y el destino que viniese. La poderosa hechicera tomó un cráneo humano al que, con un movimiento artístico de su mano, comenzaron a brillarle las cuencas de los ojos en tonos violeta, rosa y guinda. Energía mágica y malévola se acumulaba en el recinto y poco a poco se concentró alrededor de la indefensa Anna, un halo de sombras negras se dibujó en el piso en forma de círculo en torno a ella, y de estas sombras comenzaron a salir hojas demoniacas que comenzaron a girar rodeando a la chica como si un tornado de hojas sombrías la envolviera, las hojas giraban cada vez más rápido y la sensación de esa energía incesante aumentó, la noble Anna apretaba fuertemente sus ojos mientras el viento que generaba el giro de las hojas producía un chirriante sonido que irritaba su mente y oídos. No soportaba más, la energía había alcanzado un nivel que parecía anticipar una explosión, el ruido en sus oídos era tan agudo que generaba un dolor lacerante. De pronto la energía y las hojas demoniacas se concentraron en forma de haz y en un estallido, cesaron introduciéndose como una sombra unificada por el pecho de la bella joven. Todo quedó en silencio, un seco acúfeno vibraba en su mente con tono alto al desaparecer el ruido, el remolino de hojas sombrías y la energía. Aparentemente todo había terminado, todo se había esfumado, pero un círculo imperceptible más que por Morgana rodeaba a la delicada mozuela.



- Muy bien, aquí tienes tu frasco, el brebaje que impedirá la muerte de Mordred, eso sí, recuerda que no podrás acercarte a nadie, hablar con nadie o recurrir a nadie, porque ahora me perteneces, y... cuando yo lo crea conveniente apareceré y deberás hacer lo que yo te indique, ahora ve a reencontrarte con tu hermano, lástima que no pueda observar ese desenlace.


Una sonrisa malvada casi imperceptible se dibujó muy sutil y discretamente en la comisura labial de la hechicera, mientras entregaba el frasco con la poción a la dulce chica, quien lo recibía con ambas manos extendidas, por fin tenía la cura para su hermano, nada importaba más en ese momento. Morgana extendió las palmas de sus manos en dirección a la joven, indicándole que colocara una rodilla en el suelo y comenzó una invocación menor que hizo aparecer haces de luz blanca verticales, alrededor de la joven, dicha luz comenzó a titilar rítmicamente y la silueta de la joven Anna comenzó a palpitar con cierta transparencia al ritmo de las luces, de un momento a otro estaba de vuelta a la intemperie, en medio del Bosque de Wyre, había salido del santuario escondido de Morgana, suspiró tratando de sacar la pesada emotividad que traía consigo, la mala experiencia, el nerviosismo y la angustia, ahora debía correr con su hermano, no había sido poco tiempo el que había estado separada de éste y temía que aún hubiera la posibilidad de que todo saliera mal, le aterraba la idea de que al llegar con la cura, su hermano ya hubiera muerto.


Apresuró el paso de vuelta a Caerleon, no podía darse el lujo de perder ni un segundo, corrió lo más rápido que pudo con el frasco que contenía el brebaje protegido entre sus manos. Dejó el bosque de Wyre para encontrarse a las afueras de la inmensa y corrupta ciudad de Caerleon, no disminuyó su velocidad ni un instante a pesar de que sus piernas se sentían cansadas de correr. A las afueras de la ciudad un pordiosero sentado en el piso la miró con una mirada peculiar, traía consigo pocas ropas, pero algo en la forma en que éste la miró le hizo sentir desconfianza, al estar a su altura el hombre se incomodó, parecía extrañado, observó su propio cuerpo y gesticuló expresiones de dolor, subió la mirada nuevamente a ella y después de fruncir el ceño, se paró del piso rápidamente y salió corriendo en dirección contraria a la joven como huyendo de ella, para después perderse entre unos pasillos, la chica se sintió confundida, trató de resolver en su mente qué es lo que había pasado, pero de pronto cayó en cuenta que no era importante y debía seguir el paso con ritmo, su objetivo era salvar a Mordred.


Se encontraba caminando a prisa por la ciudad, a un ritmo que casi parecía trotar, lo hacía en dirección a su hogar, la casa de los Kareys. Estaba muy cerca, cerca de salvar a Mordred y ponerle fin a esta agonía. De pronto sintió como si alguien la siguiera, volteó disimuladamente por encima de su hombro usando su vista periférica y pudo ver fugazmente como un hombre encapuchado se escondió girando en un pasillo detrás de ella para que ésta no lo viese, estaba segura, la estaban siguiendo. Quizá el hombre de la entrada avisó a su grupo de bandidos para interceptarla, o quizá era una trampa tendida por Morgana, definitivamente no confiaba en ella. Decidió acelerar el paso y fue cuando al voltear al frente ya habían caído sobre ella otros dos hombres, no los vio venir, es como si hubieran salido de la nada con algún tipo de habilidad, quiso desenvainar su espada, pero uno de los hombres puso su mano sobre la de ella y dijo:


- Ni lo intent...


Las palabras del hombre se cortaron, llevó sus manos a la garganta, algo lo asfixiaba, el tercer hombre la había tomado por el cuello, pero éste también la había soltado súbita y repentinamente, de pronto los tres hombres se encontraban en el suelo alrededor de ella con gestos de dolor y sujetando alguna parte de su cuerpo intentando alejarse de ella, uno de ellos la miró con ojos de angustia y trató de preguntar:


- ¿Qué es esto? ¿Quién eres?


Se había tenido que esforzar mucho para hablar, la voz del hombre había salido entrecortada y con dificultad, tan pronto como pudieron se alejaron de ella, la chica ya con la espada fuera gritó mientras corrían de ella:


- ¡Y no lo vuelvan a intentar!


Algo muy extraño había sucedido ahí, definitivamente esos hombres no habían sido enviados por Morgana, eran simples ladrones que venían a robarle, pero algo la había protegido, volvió a recordar su objetivo, disipando ferozmente y adrede esos pensamientos para concentrarse en llegar con su hermano, comenzó a correr, estaba muy cerca.




Llegó con su hermano, había entrado por el enrejado de su hogar, sin siquiera cerrarlo, se introdujo a la casa gritando "Mordred, ya estoy aquí", atravesó el salón principal a zancadas, los escasos trabajadores con los que aún contaban se extrañaron con el alboroto y sobresalto con que la menor entró. Sujetó su mano y dijo:


- Vamos Mordred, ya estoy aquí, dime que esperaste por mí.


Su hermano seguía inconsciente como hacía algunos días, pero aún respiraba, estaba vivo, lo había logrado, sólo tenía que hacerle beber el brebaje y todo habría valido la pena, todo habría pasado. Quitó el corcho de alcornoque que tapaba el pequeño envase y sin demora, lo vertió en la boca del desvalido y agonizante cuerpo de su hermano.



Habían pasado unos segundos, no sucedía nada, Anna agitó el cuerpo de su hermano empujando por el pecho mientras gritaba:


- Reacciona Mordred, no pudo haber sido una farsa, te necesito, no quiero continuar sin ti... Responde, ¡Por favor regresa!


Los ojos de su hermano se tornaron de un fulgoroso verde menta, la chica se asustó aún más, pero el aliento regreso, cuando Mordred la miró aún brillando con esos ojos verdes y le dijo:


- Ann, estoy aquí ¿Qué ha pasado?


La chica lo abrazó y estalló en llanto, lo había conseguido, Mordred estaba hablando, su hermano estaba consciente, los ojos verdes eran lo de menos, quizá un efecto secundario de la cura. Todo había terminado, la travesía de la joven Ann no había sido en vano, su objetivo se había logrado, ella estaba tan conmocionada que no pudo escuchar cuando él dijo con un tono débil: -Ann, creo que me estás lastimando.

Ella seguía contenta y conmovida, de pronto ella sintió como algo vibró entre sus brazos al mismo tiempo que escuchó un agudo gruñido, se sobresaltó, aventando a lo que había sido su hermano fuera de su regazo, mientras ella caía en el piso hacía atrás, aún no entendía que pasaba, lo que veía frente a ella, era un monstruo, un esqueleto sin piel destellando un aura verde menta espesa, con faroles igualmente verdes por ojos que la penetraban, cabellos blancos caían alrededor de su coronilla dejando ver una calota descubierta de piel, conformada sólo por huesos, sus cejas eran blancas y la mandíbula estaba cubierta por una barba lacia abundante de color blanco y de su boca salía una especie de niebla verdosa. Lo que había sido su hermano extendió su mano esquelética mientras emitió un sonido gutural que se escuchó como una mezcla entre ronroneo y ronquido. ¡Muerto viviente!



Su hermano se había convertido en un muerto viviente, esas criaturas que se habían creado por un hechizo de Merlín en la guerra y que ahora no podían morir. Eso era, un hechizo... había sido Morgana, y todo el tiempo lo había sugerido, pero ella no había podido entender, "Ahora Mordred jamás morirá". La poción no curaba a Mordred, evitaba su muerte para siempre, pero eso no era lo que ella quería. Lo que había sido Mordred emitió un gruñido masticado y se abalanzó sobre la joven Anna, ésta comenzó a gritar y forcejear con el monstruo para no ser mordida por él.


- Mordred, basta, soy yo Anna, tu hermana.


El esqueleto viviente de Mordred gruñía y jadeaba mientras arañaba con sus afiladas falanges la piel y vestimenta de la chica tratando de morderla, entre ratos parecía entender y se detenía con las palabras de ésta, pero luego retomaba el ataque contra su hermana, era como si contestara una agresión previa, pero la joven no lo había atacado ni había hecho algo para lastimarlo. Dos cortesanas entraron a la habitación al escuchar el escándalo, los golpes, jalones, gritos y gruñidos; pero al entrar comenzaron a sujetar su cabeza en un fuerte dolor y malestar, la chica entendió, era lo mismo que había pasado a los asaltantes, seguro se trataba de la maldición de las hojas demoniacas, algo a su alrededor dañaba a las personas o criaturas que se le acercaban. Mordred logró alcanzar con sus dientes el hombro de joven, quien soltó un quejido agudo perdiendo el control y bajando la guardia, lo que permitió que el muerto viviente atacara con su mano el costado de Anna, incrustando sus dedos, lo que la hizo comenzar a sangrar. Las cortesanas estaban inconscientes en el suelo, nadie podría ayudarla, irónicamente en un intento por salvar la vida de su hermano, conseguiría que éste arrebatara la suya. Mordred no detenía el ataque, jaló sus cabellos haciendo que su cabeza se hiperextendiera y dirigió una mordida fatal al cuello de la chica, de lograrlo ésta moriría. Hay un instinto en todos los seres vivos, en todo ser humano, un instinto que nos lleva a la preservación de la vida, el instinto de sobrevivir. La joven Anna volvió a sentir ese sentimiento de resignación, esta vez con mucho pesar y profunda tristeza.


- Te amo Mordred


Sacó su espada y con un movimiento perfecto de sesgo, cortó el cuello de su hermano dividiendo sus vertebras en dos segmentos y haciendo rodar su cabeza a un costado de la habitación. Se derribó sobre sus rodillas y lloró.


- Adiós hermano, te echaré mucho de menos.


El cráneo de Mordred pareció gruñir suavemente. La joven se incorporó sujetando su costado izquierdo, estaba sangrando mucho. Salió a pedir ayuda, se tambaleaba de una pared a otra, débil por la hipovolemia que el sangrado provocaba. Tuvo visajes de gente que se acercaba a ayudarla y que posteriormente corría alejándose de ella. cayó inconsciente.


Despertó letárgica sobre el sofá de sala de su hogar, su vista era borrosa, los objetos a su alrededor apenas se podían distinguir, no sabía cómo había llegado ahí, tenía el abdomen vendado, alguien la había sanado, comenzó a recordar lo sucedido, y se encendió en irá. Ese día guardó todos los sentimientos de bondad y amabilidad, el coraje y la sed de venganza dominaban toda su corporalidad, algo se rompió para siempre en lo profundo de su ser, en su corazón. Se paró aún con debilidad, visitó la chaqueta de mercenario de su madre, ajustó sus botas de guardián, se colocó cuidadosamente la capa de Caerleon sobre su espalda, tomó una capucha de cazador y guardó la espada de su padre en su vaina atándola a su cintura, estaba lista, pero sintió que algo hacía falta, supo que... entró al estudio de su padre, la espada de Mordred seguía ahí, con ese destello violeta que en ocasiones despedía de forma titilante, era una obra maestra, encantada con algún tipo de poder, la tomó, sería una luchadora con dos espadas, en una mano portaría el poder de su padre y en la otra, el amor de su hermano. Se dispuso a salir por su venganza.


- Morgana, te buscaré y encontraré, en todo lugar a donde vaya, en el que encuentre a un devoto tuyo, lo eliminaré de la forma más vil y despiadada que pueda; te encontraré y te haré sufrir, serás mía. Lo juro por la memoria de mi familia.


Una imponente presencia sombría la detuvo antes de salir de la recamara principal. Un hechicero con un hábito negro que poco dejaba ver su mirada, usaba un faldón largo desde la mitad del vientre hasta el suelo y en el pecho una armadura de metal que dejaba ver marcas en la piel de su cuello, torso y brazos, marcas como de algún ritual o efecto maligno, su mano izquierda despedía un aura roja. La joven Ann casi arremete contra él al percatarse de que usaba una capa de Morgana, pero antes de que pudiera hacerlo éste dijo:


- Veo que ya estás mejor.


Algo en su voz la hizo confundirse al hacerle sentir confianza, definitivamente no era una presencia hostil, su voz tenía notas de bondad.


- ¿Quién eres tú? Preguntó Ann.


-Soy la persona que curó tus heridas y te trajo de vuelta a casa para que te recuperaras.


El hechicero se acercó extendiendo su mano derecha para intentar presentarse, pero la Mozuela al recordar la maldición que llevaba sobre sí, retrocedió sobresaltada llevando ambas manos al frente para tratar de frenarlo. El hechicero frunció el ceño por debajo del hábito, pero enseguida entendió.


- ¿Te preocupa hacerme daño?


- Nadie se me puede acercar, si alguien se acerca a mí, por alguna razón sufre, es como sí...


- Si, es por la maldición de hojas sombrías, pero, ya me he acercado a ti, yo curé tus heridas.


- ¿Cómo...


- Ann, yo ya estoy malito, tu maldición no puede afectarme más. Ahora... Vayamos por nuestra venganza.


- ¿Quién eres? Preguntó la joven.


- Puedes decirme Barradas.







Por: Rovii




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1 comentario


rodolfo.91
08 dic 2023

Muy buena, le encuentro mas sentido al juego tomando esto como el lore, no vere igual los dungeons de ahora en adelante jajaja, espero mas de estas.

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