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ARTYBLAK

Actualizado: 11 nov 2023




La mañana se hizo presente, el calor de los primeros rayos de sol acarició el rostro cuadrado y recto del leñador quien yacía recostado sobre una manta al pie de un gran pino. El frío de la noche había sido álgido, cualquiera hubiera pasado una noche lacerante o hubiera sucumbido ante ella, pero el corpulento leñador no, su piel era gruesa y dura, casi impenetrable y el grosor de sus músculos forjados por la tala, tan voluminosos que funcionaban mejor que cualquier aislante.



Las primeras aves emitieron sus cantos alegres, dichosas de poder iniciar el día, en Bryn Gorge había poca fauna por las bajas temperaturas que a éste lo caracterizaba, pero aún así algunas aves y conejos de invierno podían verse ocasionalmente en éste. El rígido leñador abrió los ojos, con esos gestos serios y fríos que siempre lo acompañaban, era como si cargara con algún peso sobre él, algo aún más pesado que los grandes y gruesos troncos que su oficio le exigía movilizar.


Se levantó de la piedra plana junto al pino en la que había decidido pasar la noche, la mañana aún era fría, el suelo a su alrededor estaba cubierto por densas capas de nieve, todo lo que su vista podía alcanzar era una gran sabana blanca de espesa nieve, a excepción de escasas piedras, minerales y árboles. Recogió su manta, alistó su bolsa y bebió un poco de hidromiel de su odre como desayuno, para después continuar su viaje a Mountain Cross; no pensaba establecerse en éste, sólo iba de paso por provisiones, el más bien se dirigía a los bosques más cálidos al norte del territorio de Lymhurst, pero era como si huyese o se alejara de algo, no por temor, sus ojos no reflejaban miedo, más bien una mezcla de pena y tristeza.


Siguió su camino hacia el noreste a través del frío desierto de nieve, ocasionalmente subió y bajó riscos de piedras nevadas, atravesó el río a través de un empedrado que lo hacía un poco más bajo en esa zona, aún así mojó las botas de piel de oso negro que él mismo había confeccionado, esa había sido una gran historia digna de contarse más adelante. Finalmente pudo visualizar el mar en el horizonte y Mountain Cross antes de éste, estaba cerca.



Había estado antes en Mountain Cross, comerciando madera y refinando tablas, era un humilde pueblo pintoresco, con un pequeño puerto en el ocasionalmente atracaban barcos con fines comerciales, tenía un bonito empedrado que unía las casas y establecimientos comerciales, una comunidad sencilla, amable, alegre y llena de vida,  pero está vez lucía algo distinto; Desde sus afueras, en las que en otras ocasiones había encontrado una cantera y obreros del mineral, con mucho movimiento y un pueblo vivo, con bullicio y dinamismo; Ahora parecía estar vacío, no había gente en la cantera, no había obreros del mineral. Entró a Mountain Cross, pisó el empedrado, pero no pudo ver a los niños correr, no oía el eco de los comerciantes promocionando sus productos, no estaban las señoras con canastas llenas de productos de agricultura o la percusión del cuchillo del carnicero golpeando la tabla de madera al partir en dos pedazos una porción de carne. Era un pueblo fantasma; el empedrado estaba desolado, los comercios vacíos, en el puerto nadie descargaba o movilizaba recursos, no había gente, se extrañó. Sus sentidos se agudizaron, frunció el ceño, sus ojos se movían rápido analizando el lugar mientras su mente trataba de resolver qué era lo que había pasado. De pronto percibió como un reflejo o sombra se movió a través del vidrio de la taberna, decidió caminar hasta ésta, pudo escuchar el eco de voces a su interior, abrió la puerta empujándola con una mano mientras el chirrido que ésta hizo al desplazarse silenció la plática que se estaba llevando y los presentes voltearon a ver al leñador que se encontraba en el umbral tratando de descubrir que pasaba.


- No estamos para visitas. Dijo la voz del anciano que se encontraba dirigiendo la reunión. Todo el pueblo se encontraba en la taberna.


- Por favor vete del pueblo foráneo. Definitivamente algo extraño pasaba.


- Sólo quiero un poco de vino y comida, después de eso me iré. Contestó el leñador con una voz grave, imponente y segura, mientras avanzaba a la barra de la taberna. La tensión del lugar aumentó, nadie decía nada, pero podía sentirse el nerviosismo de los asistentes. El silencio era tal que las pisadas del pesado leñador sobre el piso de madera sonaban como tambor. Se sentó en un taburete y puso su grueso antebrazo sobre la barra dando la espalda a la multitud que miraba de forma nerviosa al extranjero.


- Pueden seguir con su reunión, yo sólo quiero comer, ¿Alguien puede servirme lo que sea que tengan? Pagaré.


- ¿Cómo te llamas? Preguntó el anciano, dejando salir sutilmente su nerviosismo.


- Me dicen Black Bear, pueden decirme Black, pero no necesitarán acostumbrarse a mi nombre, sírvanme vino y algo de comer mientras continúan con su reunión.


El anciano preguntó con un tono aún más nervioso, pero con notas de esperanza: - ¿Eres Black Bear el leñador que mató al gigantesco oso negro de Creag Meagir?


- Esa es una historia que no me gusta recordar, pero sí, soy él.


La muchedumbre volteó a ver al anciano con curiosidad y suspenso, algo en la llegada del leñador había encajado como una pieza de rompecabezas.


- Quizá nos puedas ayudar. Dijo el anciano.


- No estoy aquí para interrumpir su reunión, ni para brindar ayuda, sólo quiero tomar vino, comer, juntar provisiones, pagar por éstas y continuar mi viaje.


El anciano del pueblo trató de persuadirlo: - Escucha nuestra historia y después de eso podrás decidir si pagar tus provisiones o recibirlas en pago por ayudarnos. Finn (Le habló al tabernero) sirve a este hombre una botella de nuestro mejor vino y una pierna de jabato.

Black, el leñador, se mantuvo inerte, pero se dibujó un gesto de desaprobación e incomodidad, él sólo estaba de paso, pero en el fondo también le intrigaba lo que estuviese pasando en Mountain Cross.


El anciano comenzó su charla mientras Finn vertía la mejor botella de su vino en un tarro de madera: - Se trata de Loki, no el Dios, sino el veterano oso polar que vive en las montañas del este. Loki es un oso polar que tiene mucho tiempo viviendo en la torre de vigilancia o puesto avanzado sobre las montañas del éste, sabemos poco de él, la leyenda dice que fue un oso elite de guerra, compañero fiel de un caballero llamado Khor, lo cierto es que sólo es un oso viejo. Hasta hace dos semanas el oso había habitado en paz con los aldeanos de Mountain Cross, sabemos que bajaba al lago en busca de comida y agua y en un par de ocasiones sorprendió a pescadores o viajeros, pero jamás atacó o mostró algún intento de esto, era un animal pacifico, nunca mostró miedo hacia los humanos o algún comportamiento extraño. Una familia que pasaba un día de campo un verano contó que Loki pasó junto a ellos sin temerles o agredirles, cazó algunos peces del lago y volvió a subir a las montañas, en fin que la relación entre nosotros y el oso era de armonía, pero hace dos semanas el oso atacó por primera vez, al atardecer el oso apareció a las afueras del pueblo rugiendo, con una conducta desafiante y violenta, sus ojos parecían dementes, olfateaba cada casa por la que pasaba y trató de derribar una puerta de una de las viviendas, afortunadamente lo pudimos espantar con hoces y antorchas, pero el oso ha vuelto a bajar todos los días, hace tres días atacó directamente a Halfdan, uno de nuestros herreros, ya que el oso volvió a atacar su vivienda y éste al querer ahuyentar al descontrolado animal arremetió contra él generando heridas en uno de sus brazos y pecho, es un animal grande, viejo pero imponente, tenemos miedo por nuestros niños, ancianos y por todo el pueblo, la gente tiene miedo de salir, no ha habido un solo día que el oso no baje, y antes de que ocurra una tragedia necesitamos matar a ese oso, así es la ley de estos tiempos, sobrevive el más fuerte y si no tomamos medidas drásticas, pronto alguna de nuestras familias estará llorando alguna pérdida. Ahí es donde entras tu leñador, si logras aniquilar a Loki y traes una prueba de ello, no sólo te daremos suministros para tu viaje, sino que estaremos dispuestos a pagarte.


- No soy un mercenario. Replicó con voz feroz y cansada Black Bear.


- Lo sé. Dijo el anciano del pueblo: -No es mi intención ofenderle.


- ¿Entonces por qué lo hace?


- Entiende, estamos desesperados, ese oso enloqueció, es un oso viejo que por su misma edad ha perdido la razón y nuestro pueblo en general está en peligro, el comercio se ha visto afectado, los niños ya no juegan, nuestras familias están angustiadas, tenemos miedo.


Se hizo un silencio por unos segundos, el leñador yacía inerte sobre la butaca pensando, subió los ojos al tabernero, luego los puso en el tarro y lo tomó para terminar de un gran sorbo el vino que quedaba en él, se paró de un golpe de la barra y dijo:


- No estoy interesado, sólo me pregunto… con lo enorme y terrorífico que describen al oso, ¿por qué no mató al que llaman Halfdan?, ¿por qué no ha matado aún a alguien?


- Porque… simplemente porque no se lo permitimos, dijo nervioso un hombre con el brazo herido que se encontraba sentado entre la multitud. Seguramente era Halfdan.


El leñador tomó su bolsa y salió de la taberna agregando: - No pienso pagar por este vino y su absurda hospitalidad.


Puso lo pies nuevamente sobre la nieve helada y visualizó el horizonte, mientras la puerta se cerraba detrás de él y pudo escuchar como la discusión estalló al interior de la taberna. Cerró los ojos en desaprobación mientras negó con la cabeza para él, parecía cansado de la gente, parecía que huía de ella. Se dispuso a seguir su camino aún con hambre, quizá en el camino pudiera cazar algún conejo o pescar algo en el lago. Salió del pueblo, se dirigía al este entonces pudo ver las montañas nevadas del éste y sobre una de ésta la torre de vigilancia, entonces reflexionó un poco sobre lo contado por el líder del pueblo.


- Quizá me arrepienta de esto.


Dijo en voz alta para sí mismo mientas cambiaba de ruta, ahora con dirección a las montañas.


Estaba a pocos metros de la torre de vigilancia, era una edificación de bloques de granito, constaba de una sola torre alta, una edificación cilíndrica, que terminaba en un techo puntiagudo de tejas, al frente había una gran puerta de madera con la cerradura rota y las bisagras desgastadas, la madera se veía roída por las inclemencias del clima y el poco uso que seguramente se le daba a ese lugar, era una torre abandonada, en el tercio distal de la torre había una bandera vieja y desgastada con lo que había sido la heráldica de alguna familia o gremio, ya casi imperceptible por el destiño ocasionado por el sol y el agua. El bosque era más frío a esa altitud, el viendo ululaba generando el único sonido que podía percibirse.


El leñador se acercó con sigilo a la puerta, estaba solo alineada con el marco del edificio, pero en sí no había nada que impidiera el poderla abrir, tomó la puerta por la manivela corroída por el óxido y detrás de la protección de la madera vieja que era la puerta, tiró de ella para abrirla lentamente mientras estiraba un poco su cabeza para ir viendo el interior del recinto. El oso saltó desde dentro sobre él en un rugido, embistiendo al leñador y haciéndolo rodar, pero la corporalidad de Black Bear era tal que no se descompuso y enseguida adoptó una postura defensiva frente al oso, no pensaba retroceder, pero tampoco contestar al ataque, era como si el oso ya lo esperaba. El oso a la vez tenía una postura de combate frente a él, lo miraba con unos ojos fijos y desafiantes, pero no retomaba el ataque, más bien esperaba, el leñador reconoció la mirada del oso, algo en la profundidad de sus ojos lo hacía verse reflejado en el imponente animal, él conocía esa mirada, el oso llevaba cargando una pena, un peso que su lomo ya no podía soportar, había perdido algo, algo muy amado para él. Black analizó al oso, tenía heridas cortantes en su pata trasera y costado izquierdos, pero el anciano nunca describió que lo hubieran enfrentado, también tenía un golpe en el hocico, amoratado y con la encía inflamada, era un oso cansado, pero su cansancio no se debía a la edad, era un cansancio anímico, el oso conservaba su fuerza, volumen y corporalidad. El leñador puso una rodilla en la nieve y subió las palmas de ambas manos al frente, mostraba al oso que no quería agredirlo, el frunció el entrecejo por unos instantes y luego resopló por la nariz, dando la espalda al leñador y entrando nuevamente a lo que era su guarida. El leñador lo siguió con cuidado de no realizar algún gesto que enfadase al oso, una vez en el portal de la torre pudo ver el recinto, era un cilindro de piedra, rodeado por una escalera de caracol que subía, una explanada de ladrillo cubierta por un tapete de tela se encontraba al centro, el oso se recostó en el tapete, sin quitarle la mirada al leñador, no era de su agrado, pero por el momento había confiado en él, el leñador se dio cuenta que el oso seguía siendo un animal pacifico, de otra manera hubiera continuado el ataque hacía él, sobre todo al estar invadiendo su espacio.



-  ¿Qué pasa muchacho? Dime por qué atacas a esas personas. Pensó en voz alta el leñador

El oso lo miró de una forma atenta, como si hubiera entendido, y después de un pequeño momento movió su pesada y gigantesca corporalidad, para trasladarse unos pasos a la izquierda del recinto redondo, olfateó un estante de madera viejo, que se encontraba tirado en el piso junto a la pared de granito, y luego miró al leñador con una mirada triste, seguido a esto, regresó al centro de la torre y se volvió a tirar sobre el tapete de tela, nuevamente con los ojos puestos en el hombre. El oso no era agresivo, no tenía intenciones de lastimar, sus ojos transmitían tristeza y nobleza. El leñador seguía observando sólo desde el umbral del recinto sin entrar a él, para respetar lo que era el hogar del oso, del lado derecho junto al inicio de la escalera de caracol que rodeaba el lugar y subía alrededor de sus paredes, había una cajonera de madera con los cajones abiertos, incluso sin uno de éstos que en cambio se encontraba en el piso fuera de la cajonera, es como si alguien hubiera revisado todo el lugar. Se asomó con cuidado al interior con la mirada hacia arriba tratando de mirar que más había en la parte superior de la torre, pero sólo pudo ver la escalera subir rodeando el lugar y un piso de madera que interfería en la vista de la parte superior de la torre. Black Bear se sentó un momento frente al oso, observándolo y sintiendo pena por él, era como si él y el oso compartieran el mismo sentimiento. Reflexionó un momento y se paró para regresar al pueblo.


Mountain Cross seguía desolado, en verdad tenían miedo, no había nadie fuera, en el empedrado, en el muelle, en el mercado, todo mundo estaba resguardado, el leñador estaba confundido, sin duda algo extraño pasaba con Loki y el pueblo. Entró a la taberna, la reunión había terminado, había algunos comensales, un aldeano ebrio recostado en una de las mesas y Finn detrás de la barra.


- ¿Cuál es el nombre del anciano y en donde lo encuentro?


Preguntó a Finn.


- Eirik es el anciano del pueblo y nuestro líder, lo puedes encontrar en la casa que se encuentra al oeste de Mountain Cross. Dijo el tabernero, seguido a esto el leñador abandonó el lugar.


Tocó fuertemente tres veces a la puerta de madera de Eirik mientras el sol se ponía detrás de las montañas del oeste y la noche comenzaba a llegar descendiendo poco a poco la temperatura a su paso. El anciano abrió la puerta.


- Eres tú leñador.


- Ayudaré con el oso, necesito un lugar en donde pasar la noche y comer, saldré mañana por la mañana a las montañas del este.


- ¿Qué te hizo cambiar de parecer? Preguntó el anciano.


- Digamos que busco la justicia. Respondió el leñador.


- Me parece muy bien, puedes cenar con mi familia, y quedarte en mi casa, te habilitaré un cuarto, estaré honrado de recibirte como huésped.


El hombre cenó con el anciano del pueblo y su familia rodeado de conversaciones incomodas, hizo un gesto de desaprobación y cambió el tema cuando le pidieron que contara la historia del oso negro de Creag Meagir. La cena terminó y el leñador subió a dormir a un cuarto cálido que habían preparado para él, por fin una noche cómoda, sería raro dormir en una cama suave, raro pero agradable. Sin más se dispuso a dormir, pero mientras miraban el techo de madera de su habitación, Loki invadía sus pensamientos.


Una grave percusión de madera lo hizo despertar, debía ser media noche, antes de pararse de la cama se dio cuenta que había sido la puerta de madera de la vivienda del anciano, se paró súbitamente y se acercó a la ventana sin hacer movimientos bruscos para no ser visto, Eirik salía muy bien abrigado y hacía gestos a un hombre que se acercaba también con un abrigo que cubría su cabeza y cuerpo, portaba una antorcha en la mano y pudo ver la empuñadura de una espada atada a su cintura. Lo reconoció era Halfdan, los movimientos de su brazo izquierdo eran torpes debido a las heridas. Ambos hombres se decían cosas de forma exaltada en medio de la oscura y fría noche, podía ver como el viento ondeaba sus largos abrigos. Después de un intercambio de gestos se dirigieron hacia el este del pueblo donde pudo ver a un tercer hombre esperarlo y luego se perdieron en la oscuridad.


Sin pensarlo Black Bear tomó lo que pudo y salió sigilosamente de su habitación y la casa, aparentemente nadie lo vio. La noche era más fría de lo que parecía desde la ventana, los copos de nieve eran arrojados sobre el por el frenético viento, no podía ver a los tres hombres, pero estaba seguro de a donde se dirigían, apresuró el paso, quería llegar antes o igual que ellos.


Supo que no se había equivocado cuando poco antes de llegar a la torre de vigilancia escuchó un rugido altivo y despiadado que resonó en toda la montaña, seguido de gritos de órdenes que en ese momento no pudo entender, corrió, los hombres ya estaban dentro de la torre, se escuchaban golpes y forcejeos.


- Búscala debe de estar en algún lugar, es un lugar muy pequeño, no puedo creer que sean tan ineptos maldito Halfdan.


Reconoció la voz del anciano.


El leñador sentía su corazón acelerado de rabia, se asomó al lugar, el oso rugía desesperado tratando de escapar de una red sobre él y de lazos que Eirik y otro hombre sujetaban desde el cuello y una de sus patas delanteras, jalando hacia lados opuestos, otro hombre que debía ser Halfdan se movía arriba de la torre.


El poderoso leñador rugió con tono altivo: - ¡Déjenlo ya!


Eirik volteó hacia él dibujando un rostro de sorpresa y terror abriendo grandemente los ojos, para después gritar descontrolado:


- ¡Ebinarr, rápido mátalo!


El tercer hombre de nombre Ebinarr soltó la cuerda que sujetaba la pata delantera de Loki y arremetió contra Black, lo cual no tuvo ningún éxito, el leñador sólo levantó su grueso brazo y el impulso con que el hombre corría hacía él lo dejó inconsciente al chocar con el sólido brazo curtido de Black. Éste no tuvo que atacar a Eirik, el oso motivado por la defensa que mostraba el leñador y al haber ahora liberado su pata, se lanzó sobre el anciano, derribándolo y quedando sobre él, Erik ya no razonaba, tenía facies de pavor, su cara reflejaba el peor terror que jamás había sentido en su vida de comodidad como anciano del pueblo. El oso se disponía a hacer un ataque fatal hacia Eirik.


- Espera amigo, no somos los malos. Dijo el leñador a Loki.


El oso se detuvo y luego emitió un rugido en la cara del anciano que no sólo lo hizo gritar despavorido, lo dejó sordo. A como pudo se arrastró debajo del oso y salió corriendo hacia la oscura noche, en donde se perdió. Black liberaba al oso cuando Halfdan cayó sobre él golpeando con la empuñadura de la espada su cabeza, el golpe fue fuerte, debió doler, pero el inmenso leñador no fue movido ni un milímetro, el error de Halfdan fue no haber atacado con la hoja, Black giró, lo tomó por el cuello, lo levantó y luego lo arrojó contra la sólida pared de bloques contra la que se impactó y cayó descompuesto e inconsciente.

Liberó al oso, lo calmó acariciando su cara, cabeza y dorso, el oso lo miró con una mirada tierna, como si un niño mirara a su padre, como si vieras a un viejo y querido amigo que tenías largo tiempo sin ver. El cabello del parpado inferior del oso se humedeció.


- Tranquilo amigo, no te volverán atacar, puedes seguir viviendo en paz y cuidando de tu torre, espera aquí, regresaré al amanecer.


Cargo a ambos hombres inconscientes, uno en cada brazo y se dispuso a regresar al pueblo, aún en la fría noche.





Cuando se acercaba a Mountain Cross, puedo ver como había movimiento en éste, eran las últimas horas de la madrugada, los rayos del sol comenzarían a llegar en breve, varios aldeanos del pueblo se reunían en la empedrada con antorchas, hoces, picos, martillos y lo que pudieran utilizar como arma, mientras Eirik gritaba:


- ¡Les digo que me atacó!, sin ningún sentido, debemos aniquilar a ese leñador.


- Calla Eirik, eres un mentiroso, no le mientas así a tu pueblo, no tienes honor.


El anciano no pudo ni decir nada, el miedo estaba apoderado de él, el leñador arrojó los cuerpos de los dos hombres que había bajado en sus brazos por la montaña; a la fría nieve y giró hacia la casa que tenía marcas de garras de oso en su puerta.


- ¿A dónde vas? Dijo Eirik.


El leñador sólo lanzó una mirada desafiante, sin dejarse de mover, abrió la puerta de la casa de una patada, era la vivienda de Halfdan, buscó rápidamente sin mucho esfuerzo, el estúpido y malvado ladrón, ni siquiera se tomó el atrevimiento de esconderla, una gran hacha de un nivel alto, que resplandecía como obra maestra se encontraba sobre una mesa de la vivienda, el arma no tenía el nivel para pertenecerle a una escoria tan baja como Halfdan. Black la tomó por su empuñadura, tenía una cinta de cuero rodeando y adornando el mango para darle una mejor sujeción, en donde se podía leer la leyenda grabada “La mano de Khor”. El leñador la tomó, salió mientras la luz de la mañana comenzaba a aclarar el lugar y levantando el arma legendaria a los cielos dijo:


- Por esto es que el oso bajaba, no les atacaba, quería su arma de vuelta, y estos miserables ladrones que tienen como líderes pretendían robarla, la devolveré al oso, no les volverá a tacar y no me volverán a ver a menos de que interfieran con la paz de ese animal. Ahora regresen todos a sus hogares y Eirik… considéralo, si vuelves a meterte con ese oso, será tu fin, esta vez tuviste suerte, no estoy de humor, pero no la volverás a tener.


El leñador tomó camino hacia las montañas del éste.


Llegó nuevamente a la torre de Loki, la puerta estaba abierta, un cansado oso polar blanco lo esperaba de pie, sobre sus cuatro patas al interior de la torre sobre el tapete, Black sujetó la gran hacha con sus dos manos en una posición horizontal y acercándose al oso la alargó en un gesto de ofrenda: -Aquí esta Loki, aquí tienes de vuelta el arma de tu amigo, se lo que el debió representar para ti y el valor de esta arma.


El oso se acercó, quedaron cara a cara mirándose fijamente con una mirada de confianza, luego Loki flexionó ligeramente su cuello para poner el dorso de su cabeza contra la frente del leñador, quién bajó el hacha con la mano derecha y con el brazo izquierdo abrazó al oso.


- Todo estará bien amigo, como te dije, no te volverán a molestar.


El oso giró y con el hocico sujetó una de las esquinas del tapete de tela que cubría el piso principal del recinto, y con un movimiento retiró el tapete del suelo para dejar expuesta una escotilla de madera en el piso, la golpeó con su nariz y luego suavemente con su pata derecha indicando que la abriera. El leñador lo siguió, abrió la escotilla de madera y encontró un escondite que albergaba una armadura de guerra para oso, una silla de montar y una majestuosa armadura del guardián de alto nivel.


- Con que eso era lo que buscaban esos miserables. Black soltó una carcajada. Estaba riendo después de tanto tiempo.


- Son más tontos de lo que pensé. Son demasiado cobardes como para regresar, pero lo que tienes aquí es de mucho valor, por eso lo buscaban.


Movió la cabeza de lado a lado negando y lamentando la situación y se giró para dejar el escondite secreto en el suelo y el lugar, pero Loki rugió suavemente llamando al hombre.


- ¿Qué pasa amigo?


El oso tocó con una pata la armadura del guardián que reflejó un resplandor dorado, tenía una especie de encantamiento.


- No puedo aceptarla Loki, es de tu amigo.


El oso volvió a rugir y puso la frente ahora sobre la silla de montar.


- Amigo… (El hombre estaba conmovido) ¿Estás seguro?


El oso bajó ligeramente la cabeza en señal de respeto y confianza, en un gesto de cariño y gratitud. Black no podía despreciar al oso, la tristeza que el oso cargaba era por haber perdido a su amigo, era por soledad, quizá era lo mismo que él necesitaba, una amistad leal, una amistad real basada en el amor y respeto mutuo.


Fuera de la torre de vigilancia, listos para partir, el hombre y el oso portaban una resplandeciente armadura, el primero montado sobre el segundo, ambos llenos de energía y júbilo, ese día habían recuperado algo perdido que creían imposible volver a tener.



Un extraño hombre tribal apareció de la nada frente a ellos, usaba una túnica y capucha de druida que apenas dejaba ver su rostro, señaló hacia el este y dijo:


- Gracias por liberar a este ser, te ganaste el sobrenombre de Black Bear por haber matado muy a tu pesar a un oso negro, ahora deberás ser recordado como ArtyBlak por haber rescatado a este noble y poderoso oso polar ártico, qué ArtyBlak sea tu nombre para siempre. Les esperan grandes aventuras, sigan su camino juntos hacia el este.


Por: Rovii


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3 comentarios


ChanUinick
16 dic 2023

BM

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rodolfo.91
08 dic 2023

Mi favorita hasta ahora

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Fox Cas
Fox Cas
30 oct 2023

Que buena historia y que padre sensación para Arty que ha sido protagonista en ella.


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